Festival Internacional de Cine lgbtiq

SIN FRONTERAS

ASTERISCO es un festival internacional de cine sobre diversidad sexual que viene a celebrar las diversas y múltiples maneras de ser, de amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias.

ASTERISCO es un festival de cine cuyo lugar natural es Argentina donde la ciudadanía alcanza a todas y todos, un país al que el mundo mira por haber consagrado derechos de vanguardia a través de la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y de fertilización asistida universal. Leyes que sin haber restringindo los derechos de nadie ampliaron el reconocimiento para sectores históricamente marginados como es la población de lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales. Leyes que necesitan para su plena aplicación de cambios culturales profundos y es ahí donde las expresiones culturales y artísticas pueden colaborar a socavar las fronteras simbólicas que todavía separan a nuestra sociedad entre minorías y mayorías.

ASTERISCO, nombre del festival, es una declaración de principios: el * es una forma de incluir en el lenguaje a la diversidad, el uso del * para evitar las marcas de género es una estrategia que busca la inclusión de todas las identidades. Tod*s incluíd*s.

ASTERISCO es un festival destinado a cruzar fronteras, a emocionar a los desprevenidos y conmover a los despavoridos, porque esa es la capacidad del cine, hacernos sentir en carne propia eso que parecía suceder en una geografía tan lejana. Por una hora y media vivimos en esa parte del mundo y somos esa parte del mundo que creíamos no ser. Además, es intención expresa que se vean reflejados distintos territorios de nuestro país ya que resulta evidente que las problemáticas y las historias de vida varían sustancialmente según su ubicación geográfica. Sabemos que las fronteras que antes mencionamos son más irreductibles según nos alejamos de los principales centros urbanos.

ASTERISCO es un punto de encuentro para cineastas, activistas y público en general donde todas y todos podemos desplegar nuestras preguntas e inquietudes. Algunas respuestas encontraremos pero sobre todo abriremos nuevas preguntas por las que transitar.

Albertina Carri

INVENTARIAR, INVENTAR

El nuevo paradigma de los últimos años en Argentina en relación a la diversidad sexual, donde se lograron las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de género, posibilitó un cambio jurídico que debería tener un correlato en políticas culturales renovadoras. En este contexto surge la necesidad de un festival de cine que pueda estar a la altura de leyes que son vanguardia en el mundo.

Un festival es un lugar de reunión ecléctica, de comunión festiva, de intercambio intenso entre cineastas, público y periodistas. Pero sobre todo es una posibilidad de abrir un carril audiovisual para representar deseos colectivos, sexuales, sensuales y sociales, que puedan incluir intelectual y sensorialmente a toda la sociedad.

Para eso es importante recuperar el cine como punto de encuentro, lugar de conexión y visibilidad emocional comunitaria. Un festival internacional permite seguir mirando más allá, acercarse a la diversidad sin límites ni fronteras, para poder trazar, ver y experimentar mejor el mapa de las identidades. Por eso hay que continuar en la búsqueda de un cine que pueda inventariar lo existente, pero también inventar lo que no existe, lo que todavía es invisible.

Diego Trerotola

SER AMADOS

Asterisco surge como una iniciativa del poder público, como una forma de prolongar al campo cultural y simbólico las batallas que ya se han ganado en el terreno político. Se podría argumentar que las categorías culturales no van a quedar automáticamente abolidas por la realización de este tipo de eventos, pero tampoco conviene subestimar el poder de lo simbólico. Hace apenas treinta años, el último funcionario de la censura cinematográfica argentina declaraba públicamente que, en parte gracias a su trabajo, la nuestra era una sociedad en la que no había “problemas de homosexualismo”. Y hace apenas quince años fracasó el primer intento de realizar un festival sobre diversidad sexual, precisamente porque el poder público no quiso ayudar a financiarlo. Entre ambas anécdotas cabe una tercera: al ver la escena de la marcha del orgullo gay en el film El censor (Calcagno, 1995) el propio Raúl Alfonsín le preguntó en voz baja a un amigo si “eso” representaba la llegada de la democracia. Es evidente que para el funcionario de la dictadura, pero también para sus sucesores, el “problema” empieza con la visibilidad. Y esa es precisamente la cualidad que primero define a cualquier festival audiovisual.

Hay otra cualidad necesaria pero no viene dada: hay que trabajarla. No alcanza con salir a buscar películas que nos permitan ir completando prolijamente todos los casilleros temáticos. El verdadero trabajo consistirá, en cambio, en el desafío de priorizar el efecto artístico por sobre la convicción militante, de encontrar obras que utilicen su natural visibilidad para tocar el alma de las cosas. Hace algunos años el crítico Alejandro Ricagno escribió: “no queremos ser aceptados; queremos ser amados”.

De eso se trata.

Fernando Peña

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